domingo, 23 de octubre de 2016

LA INQUILINA DE WILDFELL HALL


  La Inquilina Wildfell Hall
  Anne Bronte
  Reino Unido (1845)
    Novela Epistolar 

                                                    
Queridos lectores, tenia pendiente escribir sobre Anne Bronte. Siendo la primera vez que leo su obra (tampoco he leído nada de sus hermanas) se ganó mi admiración. Algo me dice, en el fondo de mi herido corazón, que fue una mujer de carácter fuerte, introvertida, observadora y critica de su tiempo y de su rol en la sociedad y me da cólera que no le den la importancia y reconocimiento que se merece.


"Mi objetivo al escribir las páginas que siguen no fue simplemente entretener al lector, ni tampoco proporcionarme un placer, y menos aún congraciarme con la Prensa y el Público. Deseaba decir la verdad, porque la verdad siempre comunica su propia moral a aquellos que son capaces de aceptarla. Pero como con demasiada frecuencia el tesoro inapreciable se esconde en el fondo del pozo, se necesita valor para bucear en su búsqueda, sobre todo porque el que lo hace atraerá sobre si probablemente más desprecio e inquina por el fango y en el agua en los que se ha atrevido a sumergirse, que agradecimiento por la joya que encuentre."

Es un fragmento del prefacio que escribió Anne en 1848  por la segunda edición de La Inquilina de Wildfell Hall. En la época de su publicación tuvo mucho éxito, incluso ella no lo esperaba, pero a la vez fue criticado y casi censurado. Y una de las personas que la crítico duramente y a la vez intentó "protegerla y justificarla" y además evitó que se reeditara la obra de Anne, después de su muerte, fue Charlotte (su hermana mayor). 

Gilbert Markham se encarga, mediante cartas que envía a su cuñado, de narrar la primera parte de la novela. En estas cartas describe la aparición de una desconocida mujer que llega acompañada de su pequeño hijo y su leal nana, al no ver ningún hombre escoltándolos, todos suponen que es viuda. Ella ocupa una parte de la mansión abandonada hasta entonces, Wildfell Hall. La misteriosa mujer se llama Helen Graham e inmediatamente llama la atención de las personas, por ser reticente a la visitas, por no ir a la iglesia, no asistir a las reuniones. De esta manera nacen los chismes, las intrigas hacia ella.  

Para develar un poco el misterio sobre ella, diré que no es viuda. Llegó a la mansión de Wildfell Hall para dejar atrás a su abusivo, alcohólico, dominante esposo (Anne se basó en su hermano Branwell para este personaje). Al abandonarlo y de paso llevarse al niño significó lo escandaloso para los críticos de esa época. Al huir, le implicó quedarse en la pobreza, ya que no poseía dinero o propiedades, lo poco que tuviera todo paraba a manos del esposo. Pintora de gran talento, vendía sus pinturas para poder independizarse económicamente. Claro, también recibe apoyo de su hermano, pero discretamente. En la segunda parte del libro-diario de Helen- conocemos su personalidad, su devoción religiosa y como conoce a su futuro esposo. Es curioso como ella durante los primeros años de su matrimonio realiza que las acciones de su marido van cambiando, como una especie de máscara que va cayendo, a pesar de eso, ella continúa. Cree que su amor y su santa paciencia pueda generar un cambio positivo en él, pero al nacer y crecer su hijo, su esposo poco a poco intenta corromperlo y persuadirlo a odiar a su madre. Razones de sobra para que ella decida huir con el niño para que no tuviera el mismo destino que él.

En pleno siglo XXI, La Inquilina de Wildfell Hall es considerado feminista. Hay muchos temas que la protagonista se cuestiona, desde los privilegios que tiene un hombre en la familia, la educación, lo que se espera de una "mujer"  para con su marido, la decisión de escoger al que será tu compañer@ de vida. Es una buena crítica salvo la parte religiosa, mientras leía Helen lanzaba citas bíblicas cada dos por tres (hasta su propia tía se sorprende de lo religiosa que es) pero para mí, lo curioso era ver como ella muchas veces al ir en contra de sus creencias surgía su autonomía. También hay una variedad de personajes que enriquecen la novela. 

El trasfondo religioso en el libro es muy fuerte, Anne Bronte tuvo una educación religiosa metodista y para variar su padre era clérigo. Hay un ensayo de Enrique Cataños que se llama Reflexiones acerca del trasfondo religioso de la Inquilina de Wildfell Hall es super interesante porque habla un poco de la familia Bronte, compara sus obras, sus influencias y sobre todo esta novela, pueden dar clik en el titulo.

Todo lo que pasó Helen para mí significó algo (me da pena decirlo) normalizado. En pleno siglo 19 era impensable denunciar actos así, se decían bajito como chismes...aparte la mujer no tenia una voz propia o respaldo. Ahora los tiempos son otros, estos actos se denuncian constantemente. En Perú y en parte de Sudamérica hay una creciente ola de feminicidio. Cuando terminé de leer la novela me pregunté ¿qué hubiera sido de mi amiga Helen si no hubiera tenido el valor de escapar, de rehacerse, y si en cambio se hubiera quedado sumisa, apagando su fuerza poco a poco? tal vez su destino hubiera sido otro. Helen me conmueve de tal manera que es casi una amiga de carne y hueso. Los tiempos serán otros pero todavía estamos inmersos en un patriarcado machista. Hace poco en mi país se realizo de manera continua la marcha #niunamenos y a raíz de esta marcha muchas mujeres se animaron a denunciar la violencia que viven, lamentablemente, muchas fueron asesinadas por sus violentadores por intentar denunciar. No es necesario sufrir violencia para tener empatía, pero cuando pienso en las mujeres de mi familia, mis amigas, amigas de estas, es inquietante saber que casi 2 de cada tres han sufrido algo así. Entonces me pregunto si la sociedad en la que vivo no solo es machista a lo peor enferma. Y cuando digo que esto está normalizado es porque la prensa constantemente, diariamente, en noticieros sensacionalizan la violencia, la muerte de una mujer, culpándola muchas veces. Las mujeres que salen en estos noticieros ya no son mujeres, son un numero más de las estadísticas, las deshumanizan y el espectador está tan acostumbrado que simplemente cambia de canal. Qué rabia que esto sea tan habitual que aveces nos importa tan poco. 

"bueno ¡que pena!" dirán